Secretaría

Cada estudiante, puesto que es criatura de Dios, constituye el centro de atención de todo el esfuerzo educativo y, por consiguiente, debe sentirse aceptado y amado.

El propósito de la educación adventista es ayudar a los alumnos a alcanzar su máximo potencial y a cumplir el propósito que Dios tiene para su vida.

Pasado y futuro: un presente para ti…

En el pasado, ellos soñaban con su futuro y se preparaban para cuando llegase. Son padres que estudiaron en Colegios  de Educación Adventista y hoy eligen ofrecerles esa misma experiencia a sus hijos: aprender con quienes compartieron sus sueños del pasado y siguen teniendo un compromiso con el futuro.

Han pasado más de 60 años, y Edith Linares vive sonriente al saberse buena hija, buena madre y mantener hoy, como abuela, su compromiso con el futuro de sus hijos y nietos; ella les entrega su mejor herencia: una buena educación; y esta, la educación adventista. Mientras riega sus plantas, observa a su nieta que está leyendo un libro, y los recuerdos de cuando ella era niña se le vienen a la mente.

Edith Linares (abuela)

Mis padres no eran religiosos, pero querían una buena educación para nosotros. Buscaron, y encontraron el mejor colegio: una escuela adventista. Mi mamá nos decía: “Los valores son lo más importante en una persona”. No conocí otro colegio, pero para mí la escuela adventista es la mejor de todas. Allí conocí a Dios, lo acepté como mi Salvador y comenzó esta bonita historia. Tengo cuatro hijos profesionales: el mayor es un exitoso médico, el segundo y la tercera son buenos abogados, y la última es economista; todos trabajan en empresas muy importantes. Siempre les he dicho, desde muy pequeños, que fueran al colegio y a la iglesia. Pienso que los que estudian en un colegio adventista y tienen a Dios son triunfadores. Para mí, el mayor orgullo es que mis nietos vayan a un colegio adventista.

Anónimo (nieta)


Mi madre me dice que muchos de los estudiantes no valoramos los colegios adventistas, y que recién nos daremos cuenta de su importancia cuando dejemos las aulas y nos enfrentemos con los valores trastocados de hoy. Cierta vez, quise cambiarme de escuela cuando supe que mis amigas se habían matriculado en otra institución, y le insistí mucho a mi mamá: “Por favor, cámbiame de colegio, el nuevo es mejor”. Ese día, ella me contó la bonita experiencia de ella y de mi abuela: cuando eran estudiantes, la gente decía lo mismo que yo, pero que ellas jamás habrían sido lo que hoy son si no hubiesen asistido a un Colegio adventista. Por eso, decidí seguir estudiando en el colegio adventista, y cada mañana me hace feliz dedicar tiempo a orar por nuestras familias y por todo lo que Dios hace por nosotros. Hoy, Edith Linares vive agradecida a Dios por todo lo que hasta aquí han alcanzado sus hijos y nietos. “Se lo debemos todo a Dios y a esta bendita educación, la educación adventista”, que no solo educa para esta vida, sino para la eternidad.